La Orden tras la caída de la Monarquía de las Dos Sicilias (1860-1964) De Orden Militar a Orden Asistencial

Ambulancias sufragadas por la Orden Constantiniana durante la I Guerra Mundial

Francisco II, rey en exilio y Gran Maestre

Fernando II murió el 22 de mayo de 1859, a la temprana edad de 49. Su hijo mayor y sucesor como rey y Gran Maestre, Francisco II, estaba mal preparado para afrontar la invasión de su reino por parte de los revolucionarios de Garibaldi y las tropas del rey de Cerdeña. Espiritual e introvertido, el rey Francisco II fue mal aconsejado y servido por sus ministros y generales, además de traicionado por buena parte de su nobleza. Tras su deposición en septiembre de 1860 (el rey no abandonó su reino hasta poco antes de la caída de Gaeta, en febrero de 1861), el nuevo Estado Italiano confiscó las propiedades de la Orden sin abolirla, aunque la orden de mérito parmesana que llevaba el mismo nombre si que había sido suprimida tras la invasión del ducado.

Retrato de Francisco II luciendo en la “pelisse”del uniforme de húsar la placa de la Orden Constantiniana.

El 25 de febrero de 1861 el ministro sardo del Interior declaró que el decreto de expropiación no ponía fin a la existencia de la Orden. Diez años después, en un juicio concerniendo a dos encomiendas de la orden, el tribunal de Casación italiano (máxima instancia judicial del Reino de Italia) determinó que la Orden Constantiniana «nunca había sido destruída ni abolida». Esta declaración fue confirmada en un informe del Fiscal General de la Corona en Nápoles, en 1924, y de nuevo en un acto del Consejo de Estado de la República Italiana en 1981.

Estas decisiones estaban basadas en la premisa que el Gran Magisterio de la Orden estaba separado y era independiente de la dignidad de Rey de las Dos Sicilias (o de la que le sobrevivió tras las perdida del Reino, de Jefe de la Real Casa de las Dos Sicilias) y por tanto no podía ser incluido en las prerrogativas de la realeza de las Dos Sicilias que había sido abolida tras la invasión.

El Gran Maestre, desposeído de su Corona y sus propiedades, residiendo primero en su Palacio Farnesio de Roma y luego en Austria y Baviera, continuó concediendo la orden a gentilhombres napolitanos y sicilianos que le habían sido leales. Admitió también a caballeros ingleses católicos que se habían distinguido sirviéndole en Roma durante sus años de exilio en el Palacio Farnesio. Franceses, belgas, alemanes y austríacos ingresaron también en la Orden bajo su Gran Magisterio. Murió el 27 de diciembre de 1894 sin dejar descendencia.

 

El paso del Antiguo Régimen al Nuevo Sistema Internacional (1894-1946)

Don Alfonso de Borbón-Dos Sicilias, Conde de Caserta LI (XVII), Gran Maestre (1894-1934)

Don Alfonso de Borbón-Dos Sicilias, Conde de Caserta LI (XVII), Gran Maestre (1894-1934)

El sucesor de Francisco II como Gran Maestre fue su hermano Alfonso, Conde de Caserta, quién no asumió el título de rey de las Dos Sicilias. A pesar de ser el Jefe de la Real Casa de las Dos Sicilias, jamás vinculó esa dignidad a su dignidad de Gran Maestre de la Orden. La Santa Sede tuteló la Orden durante este período, nombrando a 3 Cardenales Protectores: el primero de los cuales, Monseñor Domenico Ferrata, fue nombrado el 22 de febrero de 1910; tras su muerte lo fue el cardenal Francesco Casetta, nombrado el 3 de diciembre de 1913; y por último el cardenal Vittorio-Amadeo Ranuzzi dei’Bianchi fue nombrado el 10 de junio de 1919, siendo el último Cardenal Protector. El Papa contribuyó a mantener viva la Orden garantizándole sedes de culto en Roma: la iglesia de Santa Maria a Capella fue erigida Sede Conventual en Roma el 22 de marzo de 1910; en Nápoles se restauró la antigua Basílica Magistral de  San Antonio Abad y cedida de nuevo para uso de la Orden, el 13 de diciembre de 1915.

Tres Cardenales Protectores de la Orden nombrados entre 1910 y 1919: monseñor Ferrata, monseñor Casetta y monseñor Ranuzzi dei’Bianchi

Los caballeros de la Orden fueron autorizados a establecer una Capilla Constantiniana en la basílica de Santa Croce al Flaminio; templo construido en el lugar dónde había tenido lugar la batalla del Puente Milvio, la cual habría llevado a Constantino a fundar la Orden. La Capilla Constantiniana de la Orden está decorada con un magnífico mosaico situado sobre el altar dedicado a San Jorge abatiendo el dragón. La capilla fue consagrada en 1918 por el obispo de Beja, caballero-capellán de la Orden, y desde entonces se celebra allí una misa anual el día de San Jorge.

Basílica de la Santa Cruz en Vía Flaminia (Santa Croce al Flaminio), cuya Capilla de San Jorge pertenece a la Orden Constantiniana

Basílica de la Santa Cruz en Vía Flaminia (Santa Croce al Flaminio), cuya Capilla de San Jorge pertenece a la Orden Constantiniana

En 1921 el Gran Maestre recibió autorización pontificia para establecer una Capilla Constantiniana en su villa cercana a Cannes, gracia que le que comunicada por el Cardenal Protector en nombre del Papa. Esta fue la primera Capilla de la Orden fuera de Italia. Entre las personas que contribuyeron a la construcción se hallaba un Caballero de Gracia, Monseñor Eugenio Pacelli, quién luego se convertiría en el papa Pío XII. El Cardenal Protector, Ranuzzi  de’Bianchi, dedicó también la Iglesia de Santo Stefano de Bolonia a la Orden; dos de sus sobrinos nietos fueron recibidos recientemente como Caballeros Constantinianos.

A principios de los años 20 del siglo XX, se elevaron quejas al Rey de Italia contra la Santa Sede, denunciando que los favores acordados a la Orden Constantiniana eran una forma encubierta de apoyo a las pretensiones de los Borbones en las Dos Sicilias (ciertamente hasta 1902 los Papas habían recibido a los Enviados del Jefe de la Casa Real de las Dos Sicilias acreditados como parte del cuerpo diplomático). En 1924 la situación se agravó a causa de la Orden de los Santos Mauricio y Lázaro, que había obtenido los bienes y beneficios de la Orden Constantiniana expropiados por los Saboya, y temiendo ver un renacimiento de la Orden Constantiniana que hiciera peligrar estas usurpaciones, solicitaron al Papa que no nombrase a un sucesor para el Cardenal Protector Ranuzzi de’Bianchi. La Santa Sede. Para evitar un conflicto con el Reino de Italia, la Santa Sede decidió no proveer la dignidad de Cardenal Protector. La reacción generosa del Gran Maestre, el Conde de Caserta, ante esta situación provocada por las presiones a las que estaba sometida la Santa Sede, fue ofrecer la devolución del Gran Magisterio de la Orden al Papa. La Santa Sede declinó el ofrecimiento.

El Conde de Caserta aumentó el número de bailíos de la Orden a favor de destacados cardenales de la Curia, (en total fueron 22 los cardenales que se incorporaron a la Orden bajo el Conde de Caserta, entre los que cabe destacar al cardenal Dubois, arzobispo de París, al cardenal Merry del Val, al cardenal Gasparri y al cardenal Pacelli. Los 3 últimos fueron Secretarios de Estado, y el último Papa) incrementando también el número de capellanes y caballeros profesos.

Durante la Primera Guerra Mundial la Orden dotó a Hospitales y sufragó ambulancias para asistir a las víctimas militares y civiles. 

 

Ambulancias sufragadas por la Orden Constantiniana durante la I Guerra Mundial

Ambulancias sufragadas por la Orden Constantiniana durante la I Guerra Mundial

 

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Orden se comprometió también en diversas actividades humanitarias, así como en el rescate de prisioneros de guerra, bajo la dirección del Gran Maestre, Don Fernando Pío de las Dos Sicilias, Duque de Calabria, que lo era desde 1934. La Orden se ocupó también de establecer una guardería infantil en el hospital de Menton, en 1940, precedente de posteriores campañas llevadas a cabo en décadas posteriores a favor de los huérfanos, los niños abandonados y las personas ancianas.

La dignidad de Gran Prior fue desempeñada bajo el Gran Magisterio de Don Fernando Pío por distinguidos prelados: Monseñor Luigi Caracciolo, de los príncipes de Torchiarolo, Monseñor Luigi Marigliano, de los Duques del Monte, y Monseñor Angelo di Sangro, de los Duques de Casacalenda (muerto en 1939).

El Cardenal Eugenio Pacelli (luego Pío XII), Caballero y Bailío Gran Cruz de la Orden Constantiniana

El Cardenal Eugenio Pacelli (luego Pío XII), Caballero y Bailío Gran Cruz de la Orden Constantiniana

La vida religiosa de la Orden fue considerablemente intensa gracias a las estrechas relaciones mantenidas con la Iglesia y a la admisión de 350 miembros profesos entre 1894 y 1931, sobre una cifra de 1.150 caballeros y damas admitidos en el mismo período. Entre los nuevos caballeros de Gracia procedentes del estado eclesiástico destaca Monseñor Eugenio Pacelli, promovido a Bailío en 1929 y elegido Papa como Pío XII en 1939.

El conde de Caserta admitió también como Bailío al 5º Conde de Ashburnham y al almirante Lord  Walter Kerr, abuelo del actual marqués de Lothian, y a un número importante de miembros procedentes de los Estados Unidos, entre los que cabe destacar al cardenal Gibbons de Baltimore, en 1920.

El sucesor del Conde de Caserta, Don Fernando-Pío, Duque de Calabria, había sido bautizado en el Vaticano por el papa Pío IX en 1869 y se había distinguido en la Guerra Hispano-americana. Don Fernando-Pío se había implicado activamente en la dirección de la Orden en vida de su padre -presidiendo por ejemplo la Delegación creada para la bendición del nuevo Lábaro Constantiniano de 1913- y dos meses después de acceder al Gran Magisterio aprobó los estatutos preparados bajo los auspicios de su padre.

 

 

 

Don Fernando-Pío de Borbón-Dos Sicilias, Duque de Calabria, LII (XVIII) Gran Maestre (1934 – 1960)

Don Fernando-Pío de Borbón-Dos Sicilias, Duque de Calabria, LII (XVIII) Gran Maestre (1934 – 1960)

Los nuevos estatutos de 1934 aún preveían que la Santa Sede pudiese nombrar un Cardenal Protector, aunque tal nombramiento nunca volvería a hacerse. El Capítulo V, en su Artículo 1, establecía de manera explícita que la sucesión en el Gran Magisterio se realizase siguiendo la primogenitura masculina de «la Casa de Borbón», sin mencionar expresamente a la dinastía de las Dos Sicilias. Aunque posteriormente se han reformado levemente en lo tocante a los grados, abriendo todos los rangos de la Orden, excepto el de Bailío, a las damas -por  ejemplo-; estos estatutos siguen siendo el fundamento del funcionamiento de la Orden hasta nuestros días.

Don Fernando Pío, Duque de Calabria, inició un acercamiento no-oficial a la Casa de Saboya en 1938, tras habérsele concedido un pasaporte diplomático como «S.A.R. Don Ferdinando, Duca di Calabria, Príncipe di Borbone-Sicilia», invitado por el rey Víctor Manuel III a la Villa Savoia. Más tarde, tras la caída de la Monarquía Italiana (1946), recibiría la Orden de la Annunziata del rey Umberto II, quién recibió en reciprocidad de Don Fernando-Pío el collar de la Orden Constantiniana.

La Orden se mantuvo muy activa durante el final de los años treinta, pero las admisiones declinaron al llegar la II Guerra Mundial. El número de capellanes disminuyó también, aunque las relaciones con el Vaticano siguieron siendo estrechas y amigables gracias al acceso al Solio Pontificio de un capellán-bailío de la Orden, Monseñor Pacelli, convertido en Pío XII. Los Grandes Priores continuaron recibiendo el placet papal: así sucedió con cuando el Gran Prior di Sangro fue sucedido por S.A.R. el príncipe Jorge, cardenal de Baviera (muerto en 1943), o cuando en 1959 fue nombrado Vice-Gran Prior Monseñor Giuseppe Cattaneo della Volta (muerto en 1961).

La cuestión sucesoria en tiempos del Conde de Caserta

La firma de los Acuerdos de Letrán en 1921, obligó a la Santa Sede a distanciarse del Conde de Caserta, quién rehusó ceder a las presiones del Reino de Italia para renunciar a sus derechos históricos a la Corona de las Dos Sicilias. Su hijo y heredero, Don Fernando-Pío, Duque de Calabria, no tenía herederos varones, lo cual planteó el problema de la Sucesión del Gran Magisterio (y también la Sucesión a la Jefatura de la Real Casa de las Dos Sicilias). El siguiente en la línea de sucesión por nacimiento era el príncipe Don Carlos-Tancredo de las Dos Sicilias, Infante de España desde su matrimonio con la hermana de Alfonso XIII de España, en aquel momento princesa de Asturias.

El Conde de Caserta

El Conde de Caserta

Antes de casarse con la entonces heredera al Trono Español, Don Carlos-Tancredo había tenido que renunciar explícitamente a suceder a la Corona de las Dos Sicilias, en caso que hubiese de hacer valer sus derechos a ella, dado que según lo previsto por la Pragmática de 1759 era incompatible la coincidencia en un mismo individuo de las coronas de España y de las Dos Sicilias (Acta de Cannes del 14 de diciembre de 1900).

No obstante el nacimiento de un primer hijo varón de Alfonso XIII de España en 1907 (al que sucederían 3 Infantes y 2 Infantas más), las posibilidades de que Don Carlos Tancredo se convirtiese en consorte de Reina, o de que el hijo de ambos el Infante Alfonso, se convirtiese en rey, se hicieron cada vez más remotas. Los  requerimientos del Acta de Cannes nunca llegaron a efecto.

La linea del príncipe Calos-Tancredo continuó siendo incluida en el Almanach de Gotha, y en el Libro d’Oro della Nobilta Italiana como parte de la Real Casa de las Dos Sicilias, en los que el propio Carlos-Tancredo era considerado potencial heredero de la Jefatura de dicha Casa. En 1911 un notable historiador (caballero de la Orden Constantiniana) Pierre Pidoux de La Maduere, en un artículo publicado en la Rivista Araldica, excribió -a propósito del Conde de Caserta, Gran Maestre- que «a ún cuando [el Conde de Caserta] renunciase a sus derechos a aquel reino [de las Dos Sicilias], S.A.R. seguiría siendo el Gran Maestre de la Orden Constantiniana», afirmación que tenía idéntica lógica aplicada al hijo del Conde de Caserta, Don Carlos-Tancredo.

 

La Orden Constantiniana es una institución separada, con sus propias leyes sucesorias, y en cualquier caso, el Acta de Cannes de 1900 (la cual establece la exclusión de los descendientes de Don Carlos-Tancredo a la Corona de las Dos Sicilias sólo de forma condicional, ante una eventualidad que jamás llegaría a producirse), no hace mención alguna al Gran Magisterio de la Orden Constantiniana.

Una correspondencia descubierta en los últimos años, indica como el Conde de Caserta deseó que el Infante Don Carlos-Tancredo heredase el Gran Magisterio de la Orden, sucediendo a su hermano mayor sin descendencia, no sólo por su condición en de siguiente varón de la dinastía, sino por la convicción que la Orden podría prosperar con mayor seguridad bajo la protección del Rey de España.

El Infante Don Carlos, príncipe de las Dos Sicilias

El Infante Don Carlos,
príncipe de las Dos Sicilias

El Infante Don Carlos-Tancredo acordó con su padre y su hermano, que la sucesión recaería en la línea que él representaba, no obstante a causa de sus obligaciones en España, y asumiendo la posibilidad de sobrevivir a su hermano Fernando-Pío, sería el príncipe Rainiero, su hermano menor, quién durante un tiempo la asumiría, antes de que se hiciese efectivo el advenimiento de sus descendientes. El 14 de abril de 1931 cae la Monarquía Española y Alfonso XIII parte al exilio.

El 29 de diciembre de ese mismo año, el Conde de Caserta confirma a su hijo Don Fernando-Pío como heredero e insta a la Real Diputación a preparar unos nuevos Estatutos para el gobierno de la Orden adaptados a la situación creada por los Pactos de Letrán. El Conde de Caserta murió en mayo de 1934, dos meses después de haber cumplido los 93 años y cuando ya habían  transcurrido 64 desde el colapso de la Monarquía de las Dos Sicilias. Los obituarios notaban con asombro como Don Alfonso había servido en los ejércitos de su hermano el rey Francisco II, luchando por la independencia de su Patria. Los últimos restos del Antiguo Régimen parecían desaparecer con él.

El obituario del Conde de Caserta, escrito en el Osservatore Romano por el Secretario de la Real Diputación de la Orden Constantiniana, el marqués de Felice, se refería a la sucesión del difunto Gran Maestre aludiendo -dado que Don Fernando-Pío, el nuevo Gran Maestre no tenía descendencia- al hijo del Infante Don Carlos-Tancredo, el Infante Don Alfonso de Borbón-Dos Sicilias, hecho que venía a confirmar lo tratado en la correspondencia entre el Conde de Caserta y sus hijos.

La muerte de Don Fernando-Pío y el cisma de 1960

Don Fernando Pío, Duque de Calabria, durante los últimos años de su vida

Don Fernando Pío, Duque de Calabria, durante los últimos años de su vida.

El 7 de enero de 1960 moría en Baviera el Duque de Calabria, Don Fernando-Pío, sin dejar sucesión masculina. Se produce entonces una escisión en la Orden.

El nuevo Gran Maestre es el príncipe Don Alfonso de las Dos Sicilias, Infante de España, sobrino mayor del difunto Gran Maestre, hijo del Infante Carlos-Tancredo, a su vez segundogénito del Conde de Caserta. Asume los títulos de sus dos antecesores: Duque de Calabria y Conde de Caserta.

Una parte de los miembros de la Orden, invocando una interpretación singular del Acta de Cannes de 1900, reconocen a Don Rainiero de las Dos Sicilias, su tío, quinto hijo varón del Conde de Caserta y hermano pequeño del difunto Fernando-Pío. Don Rainiero asume el título de duque de Castro. Esta reivindicación da lugar a la llamada rama «ranierista» o «castrista» de la la Casa Real de las Dos Sicilias, y en consecuencia también de la Orden Constantiniana.

Las dos ramas de la Casa de Borbón, la de los Reyes de España y la de los Duques de Parma (así como otras Casas Reales europeas), reconocieron inmediatamente a Don Alfonso como Gran Maestre y Jefe de la Real Casa de las Dos Sicilias.

En los últimos años muchas han sido las tentativas de reconciliación, llegándose a firmar un acuerdo histórico en 2014, que desgraciadamente fue roto unilateralmente por una de las dos partes firmantes. La Orden Constantiniana permanece, no obstante abierta a una deseada reconciliación que ponga fin a la división suscitada por el cisma castrista.

La transferencia del Gran Magisterio a España (1960-1964)

El 28 de junio de 1960 el Infante Don Alfonso, Duque de Calabria, junto a su Real Familia y acompañado por el Duque de Parma, fue recibido en audiencia privada por Su Santidad el Papa San Juan XXIII. Durante la estancia en Roma que siguió a la Audiencia Papal, el nuevo Gran Maestre asistió a una ceremonia de la Orden en la capilla constantiniana de San Jorge en la basílica de la Santa Croce in Flaminio, perpetuando el uso que la Orden hacía de esta desde los tiempos del Conde de Caserta.

El Infante Alfonso celebró varias reuniones de la Real Diputación de la Orden, pero su temprana muerte en 1964 puso fin a un período de gobierno aún incipiente.

Se produjo entonces un nuevo relevo en el Gran Magisterio, al suceder el príncipe Don Carlos de las Dos Sicilias, Duque de Noto, a su padre, adoptando como aquel los títulos de Duque de Calabria y Conde de Caserta.

El Infante Don Alfonso de Borbón-Dos Sicilias, Duque de Calabria, LIII (XIX) Gran Maestre (1960 – 1964), con su esposa la Infanta Alicia, princesa de Parma
El Infante Don Alfonso de Borbón-Dos Sicilias, Duque de Calabria, LIII (XIX) Gran Maestre (1960 – 1964), con su esposa la Infanta Alicia, princesa de Parma
Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona luciendo el collar de la Orden Constantiniana
Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona luciendo el collar de la Orden Constantiniana